viajes
decía que iba a pasar sus últimos años ahí, mirando al cerro. no tuvo esa suerte. como con su padre, la vieja cosechera no fue piadosa ni le ahorró dolor.
al ensimismamiento de su voluntad, que tantos frutos le había dado, eso no pudo más que escapársele.
en la casa, uno de los últimos días que pasé ahí este verano, la perrita que tiene por unas semanas al cuidado mi mamá ladró extrañadamente al aire una noche. en el pasillo, en las piezas, en la cocina. antes o después, mi memoria es mezquina, yo había visitado el lugar donde le hubiera gustado pasar sus últimos años.
Camorra
Un tipo que demominó una de sus composiciones Camorra no solo era un genio de la música, también había entendido bastante de este misterioso universo que habitamos.
Un alma única, un alma acantilada.
Un alma única, un alma acantilada.
contra todos los males de este mundo II
mauricio, claramente vos sos tu propio papá noel este año y, ansioso, te
has apurado a abrir el regalo. sí, sí, ya sabemos que no estuviste solo
en todo eso. te lo regalaste gracias al aporte de tus interesados
amigos, de unos cuantos odiadores convencidos, de unos cuantos hablados
por la televisión (pueden hacer el favor de apagar la televisión, por
favor), y un largo etcétera que incluye los errores de todos aquellos
que sabíamos muy bien lo que te ibas a regalar para estas
fiestas. no importa, vos concluí tu tarea. agregá más partecitas a la
concreción de tu regalo. partecitas como la represión a trabajadores
dejados en la calle, partecitas como la violación de la ley de servicios
de comunicación audiovisual, partecitas como devaluar los ingresos de
los trabajadores y beneficiar a los más ricos de este país mediante la
quita de retenciones. eso sí, tratá de disfrutarlo, de disfrutar el
proceso único que estás viviendo. a veces uno no se da cuenta,
entretenido, y el tiempo pasa volando. sí, quizás en el furor de tu
empecinamiento de niño millonario no te des cuenta. no te precupés,
nosotros te vamos a avisar cuando lo hayas terminado. vos solo
concentrate en lo tuyo, no falta mucho para que termines. unos cuantos
ya no se acuerdan que fueron parte de tu regalo de navidad, otros creen
que estuvo bien que fueras tu propio papá noel y aguardan que entre los
regalos del arbolito escondas alguno para ellos (aunque les cueste creer
-aun aferrados a la esperanza como lo están- que verdaderamente existe
papá noel). el resto, el resto seguirá siempre a tu lado, son tu gente,
son gente como vos.
saludos afectuosos y buen vuelo al concluir.
saludos afectuosos y buen vuelo al concluir.
Contra todos los males de este mundo
A continuación, algo que me salió de las tripas y vomité en feisbuc.
Si sirve de algo decirlo aquí (en esta cuenta de face que abrí más con fines informativos que de hacer sociales, y en la cual tengo pocos “amigos” y quiero creer que la mayoría relativamente cercanos a mi pensamiento), lo digo: EL 22 DE NOVIEMBRE VOY A VOTAR A SCIOLI. Bien, ahora la historia personal y los argumentos. Lo personal: durante todo el periodo kirchnerista siempre me declaré opositor y cuando voté, lo hice por las distintas representaciones de la izquierda –sólo en la última oportunidad por el trotkismo-. Por qué: no comparto en absoluto el modelo extractivista (minería, sojización, fracking); menos la fiesta vacía del consumo por el consumo; me da nauseas la forma en que negociaron todos estos años con lo más rancio del peronismo; me parece desolador el modo de pensarse únicos que tienen (cuya expresión más grosera es llamar Kirchner al centro cultural más importante del país –y no Atahualpa, Spinetta, Juan L. Ortiz, etc.); detesto la burocracia militante que, aún con principios, supo siempre encontrar el lugar más cómodo para apoyar el proyecto “nacional y popular”. El listado podría ser más amplio, pero lo necesario que hay que ver en ese listado es que no parece ser el mismo temario de los medios opositores, o sí? Continúo: aun con estas críticas, también cuando pude, cuando el bullicio constante de opositores radicales (anarquistas, dogmáticos de la izquierda) y la maquinaria mediática de atontar (“esa abuela, la conciencia que regula el mundo”) me lo permitió, reafirmé el carácter histórico, trascendental, de algunos avances realizados o favorecidos por el Kirchnerismo: juicio y castigo a los genocidas, asignación universal, matrimonio igualitario (la info está para el que quiera chequearla. Un solo detalle: yo crecí durante los gobiernos de Menem y De la Rua…, como muchos, siempre pensé que los genocidas iban a morir en libertad) Ese es el panorama entonces, un panorama que entiendo, con un candidato como Scioli, que visita regularmente Tinelli, expone de un modo contundente que el Kirchnerismo no sólo perdió la batalla económica, sino también la cultural –su batalla predilecta. Dicho esto, voy al argumento central de mi posicionamiento (VOTAR A SCIOLI): en el balotaje, no se vota el mal menor –lo cual sí hubiera sido posible en la primera vuelta-, se vota entre las opciones que hay. Es decir que las cartas ya están repartidas y el juego se va a jugar de una u otra forma. Por tanto, siento el deber de participar. Y no simbólicamente, activamente. Por qué, por una simple razón: para mí el Kirchnerismo es un movimiento contradictorio –capitalista, por supuesto, como lo señalan los compañeros de la izquierda-, pero en esa contradicción caben y cabemos muchos más que en la homogeneidad que representa el PRO y Mauricio Macri. Porque ahí donde puedo festejar –y llorar la emoción- del encuentro de Guido Carlotto, Macri comparte la mesa con la más siniestro de la historia Argentina; ahí donde vi a un amigo poder estudiar gracias a una beca, o a una vecina que no disponía de obra social ser madre en un hospital público, con Macri recuerdo las plazas enrejadas de la CABA y sus dichos de que los hospitales porteños tienen que ser solo para los porteños, o sus votos negativos –los de sus “compañeros”- de la ley de fertilización asistida, por ejemplo. Y mil millones de etcéteras. (Circula por todos lados cómo votó el Pro -Cambiemos- “lo bueno” que propuso el Kirchnerismo) Para cerrar entonces, tres cuestiones. Una: para los que votan a Macri, sepan -y háganse cargo- que votan a favor del manejo de un país como una empresa privada orientada a los designos del norte; para esa empresa, la educación y la salud no deben ser públicas; y todo debe estar librado al análisis de costos y beneficios para unos pocos. Ergo: no votan un candidato o un tono amigable, o en contra de un funcionario corrupto, votan políticas públicas. Dos: los invito a los críticos y a los que aun dudan de votar al Frente para la Victoria, a que carguemos con un presidente como Scioli y derrotemos a lo más nefasto. Tres: ligada al dos, me permito una consigna: para todos aquellos que añoramos un mundo menos horroroso, “el cambio”, el cambio verdadero, EN ESTA INSTANCIA DE BALOTAJE, es elegir el enemigo con el cuál queremos pelear y hacernos cargo; en esa elección, yo considero que con el Frente para la Victoria la disputa es posible, ya la conocemos, e incluso, entre sus filas, podemos encontrar pares; con un gobierno del PRO, con su homogeneidad, no habría más que desierto y represión (eso también ya lo conocemos). Dicho en otras palabras: El barro ensucia, sí, pero también construye casas.
Si sirve de algo decirlo aquí (en esta cuenta de face que abrí más con fines informativos que de hacer sociales, y en la cual tengo pocos “amigos” y quiero creer que la mayoría relativamente cercanos a mi pensamiento), lo digo: EL 22 DE NOVIEMBRE VOY A VOTAR A SCIOLI. Bien, ahora la historia personal y los argumentos. Lo personal: durante todo el periodo kirchnerista siempre me declaré opositor y cuando voté, lo hice por las distintas representaciones de la izquierda –sólo en la última oportunidad por el trotkismo-. Por qué: no comparto en absoluto el modelo extractivista (minería, sojización, fracking); menos la fiesta vacía del consumo por el consumo; me da nauseas la forma en que negociaron todos estos años con lo más rancio del peronismo; me parece desolador el modo de pensarse únicos que tienen (cuya expresión más grosera es llamar Kirchner al centro cultural más importante del país –y no Atahualpa, Spinetta, Juan L. Ortiz, etc.); detesto la burocracia militante que, aún con principios, supo siempre encontrar el lugar más cómodo para apoyar el proyecto “nacional y popular”. El listado podría ser más amplio, pero lo necesario que hay que ver en ese listado es que no parece ser el mismo temario de los medios opositores, o sí? Continúo: aun con estas críticas, también cuando pude, cuando el bullicio constante de opositores radicales (anarquistas, dogmáticos de la izquierda) y la maquinaria mediática de atontar (“esa abuela, la conciencia que regula el mundo”) me lo permitió, reafirmé el carácter histórico, trascendental, de algunos avances realizados o favorecidos por el Kirchnerismo: juicio y castigo a los genocidas, asignación universal, matrimonio igualitario (la info está para el que quiera chequearla. Un solo detalle: yo crecí durante los gobiernos de Menem y De la Rua…, como muchos, siempre pensé que los genocidas iban a morir en libertad) Ese es el panorama entonces, un panorama que entiendo, con un candidato como Scioli, que visita regularmente Tinelli, expone de un modo contundente que el Kirchnerismo no sólo perdió la batalla económica, sino también la cultural –su batalla predilecta. Dicho esto, voy al argumento central de mi posicionamiento (VOTAR A SCIOLI): en el balotaje, no se vota el mal menor –lo cual sí hubiera sido posible en la primera vuelta-, se vota entre las opciones que hay. Es decir que las cartas ya están repartidas y el juego se va a jugar de una u otra forma. Por tanto, siento el deber de participar. Y no simbólicamente, activamente. Por qué, por una simple razón: para mí el Kirchnerismo es un movimiento contradictorio –capitalista, por supuesto, como lo señalan los compañeros de la izquierda-, pero en esa contradicción caben y cabemos muchos más que en la homogeneidad que representa el PRO y Mauricio Macri. Porque ahí donde puedo festejar –y llorar la emoción- del encuentro de Guido Carlotto, Macri comparte la mesa con la más siniestro de la historia Argentina; ahí donde vi a un amigo poder estudiar gracias a una beca, o a una vecina que no disponía de obra social ser madre en un hospital público, con Macri recuerdo las plazas enrejadas de la CABA y sus dichos de que los hospitales porteños tienen que ser solo para los porteños, o sus votos negativos –los de sus “compañeros”- de la ley de fertilización asistida, por ejemplo. Y mil millones de etcéteras. (Circula por todos lados cómo votó el Pro -Cambiemos- “lo bueno” que propuso el Kirchnerismo) Para cerrar entonces, tres cuestiones. Una: para los que votan a Macri, sepan -y háganse cargo- que votan a favor del manejo de un país como una empresa privada orientada a los designos del norte; para esa empresa, la educación y la salud no deben ser públicas; y todo debe estar librado al análisis de costos y beneficios para unos pocos. Ergo: no votan un candidato o un tono amigable, o en contra de un funcionario corrupto, votan políticas públicas. Dos: los invito a los críticos y a los que aun dudan de votar al Frente para la Victoria, a que carguemos con un presidente como Scioli y derrotemos a lo más nefasto. Tres: ligada al dos, me permito una consigna: para todos aquellos que añoramos un mundo menos horroroso, “el cambio”, el cambio verdadero, EN ESTA INSTANCIA DE BALOTAJE, es elegir el enemigo con el cuál queremos pelear y hacernos cargo; en esa elección, yo considero que con el Frente para la Victoria la disputa es posible, ya la conocemos, e incluso, entre sus filas, podemos encontrar pares; con un gobierno del PRO, con su homogeneidad, no habría más que desierto y represión (eso también ya lo conocemos). Dicho en otras palabras: El barro ensucia, sí, pero también construye casas.
Tranquilizar a los intranquilos e intranquilizar a los tranquilos, dijo Foster Wallace
Qué bueno que es leer nuestras rumiaciones en palabras de otros. Incluso a veces, en el concierto silencioso de los días que nos tocan, solo se escribe -me hago cargo, por lo menos yo lo hice- para abrir el juego a posiciones ausentes.
Aunque eso no parece simpatizarle al "fascismo de la buena onda" imperante.
No importa, me quedo con algunas citas de Maximiliano Tomas que encuentro cercanas -salvando las distancias-.
"Existe una suerte de buena onda generalizada que pareciera ser impermeable a cualquier acontecimiento. Así como siempre que se hace periodismo policial se publican noticias desgraciadas o negativas —mataron, secuestraron, violaron a tal— en el periodismo cultural se habla a través de un matiz de optimismo perenne: qué bueno que estuvo el Bafici, qué bueno que estuvo el Filba, qué bueno que se estrenaron tantas películas, qué buena que es la literatura argentina, qué buenas que son todas las editoriales independientes. Hay un carácter acrítico en la manera de hacer periodismo cultural en los medios masivos. Y es molesto. Hace falta voces que pongan en crisis esa práctica. No todas las noticias son buenas de por sí. Es necesario un periodismo cultural más autocrítico, más reflexivo, más intelectual. Hablo de un nosotros, no me estoy poniendo afuera. El periodismo cultural necesita ser hecho por gente que sabe, no que toca de oído. Porque, por otra parte, el trabajo a nivel irreflexivo, optimista, demagógico, ya está hecho por agentes que no son periodistas culturales: lo hacen los prenseros, los comentaristas, los booktubers."
"Al margen de eso, creo que hay que escribir en contra de los libros que no nos gustaron. Es una necesidad. Entre otras razones porque hay una oferta inconmensurable de libros muy interesantes para leer: por qué uno va a perder el tiempo en libros intrascendentes o por qué, si es que la crítica debe ser también un servicio al lector, vas a dejar que tus lectores coman sapos inventados por un sello editorial o por una operación de márketing. Un crítico también puede señalar lo que es pura trivialidad o pura banalidad disfrazada de alta literatura o literatura de calidad."
----
"Existe algo así como un subgénero del periodismo que podríamos llamar el periodismo cultural buena onda. Para él, todas las noticias son dignas de celebración: la publicación de un nuevo libro, la presentación de una nueva editorial, la participación de un grupo de escritores argentinos en una nueva feria internacional. Hay una periodista que se especializa en difundir con cuidado y frecuencia semanal cada una de estas magníficas novedades, y sus artículos siempre comienzan con un primer párrafo arrebolado de satisfacción, pletórico de observaciones impresionistas (el escritor X habla moviendo levemente las manos, mientras un rayo del sol de la tarde atraviesa la ventana del bar: ese tipo de cosas). Todos los libros le gustan, todos los escritores son simpáticos, todas las opiniones son inteligentes y dignas de atención. A su favor, hay que decir que hizo escuela, y que ya cuenta con epígonos aquí y acullá. ¿Pero es ése acaso el objetivo del ejercicio del periodismo cultural, de cualquier periodismo? ¿No sería más atinado (más honesto) señalar las tensiones, marcar las contradicciones, denunciar las paradojas de un campo conflictivo como el literario, de una industria en crisis como la editorial? Claro, eso es más complejo, y demanda más tiempo y energía (y granjea más enemigos que amigos)."
Aunque eso no parece simpatizarle al "fascismo de la buena onda" imperante.
No importa, me quedo con algunas citas de Maximiliano Tomas que encuentro cercanas -salvando las distancias-.
"Existe una suerte de buena onda generalizada que pareciera ser impermeable a cualquier acontecimiento. Así como siempre que se hace periodismo policial se publican noticias desgraciadas o negativas —mataron, secuestraron, violaron a tal— en el periodismo cultural se habla a través de un matiz de optimismo perenne: qué bueno que estuvo el Bafici, qué bueno que estuvo el Filba, qué bueno que se estrenaron tantas películas, qué buena que es la literatura argentina, qué buenas que son todas las editoriales independientes. Hay un carácter acrítico en la manera de hacer periodismo cultural en los medios masivos. Y es molesto. Hace falta voces que pongan en crisis esa práctica. No todas las noticias son buenas de por sí. Es necesario un periodismo cultural más autocrítico, más reflexivo, más intelectual. Hablo de un nosotros, no me estoy poniendo afuera. El periodismo cultural necesita ser hecho por gente que sabe, no que toca de oído. Porque, por otra parte, el trabajo a nivel irreflexivo, optimista, demagógico, ya está hecho por agentes que no son periodistas culturales: lo hacen los prenseros, los comentaristas, los booktubers."
"Al margen de eso, creo que hay que escribir en contra de los libros que no nos gustaron. Es una necesidad. Entre otras razones porque hay una oferta inconmensurable de libros muy interesantes para leer: por qué uno va a perder el tiempo en libros intrascendentes o por qué, si es que la crítica debe ser también un servicio al lector, vas a dejar que tus lectores coman sapos inventados por un sello editorial o por una operación de márketing. Un crítico también puede señalar lo que es pura trivialidad o pura banalidad disfrazada de alta literatura o literatura de calidad."
----
"Existe algo así como un subgénero del periodismo que podríamos llamar el periodismo cultural buena onda. Para él, todas las noticias son dignas de celebración: la publicación de un nuevo libro, la presentación de una nueva editorial, la participación de un grupo de escritores argentinos en una nueva feria internacional. Hay una periodista que se especializa en difundir con cuidado y frecuencia semanal cada una de estas magníficas novedades, y sus artículos siempre comienzan con un primer párrafo arrebolado de satisfacción, pletórico de observaciones impresionistas (el escritor X habla moviendo levemente las manos, mientras un rayo del sol de la tarde atraviesa la ventana del bar: ese tipo de cosas). Todos los libros le gustan, todos los escritores son simpáticos, todas las opiniones son inteligentes y dignas de atención. A su favor, hay que decir que hizo escuela, y que ya cuenta con epígonos aquí y acullá. ¿Pero es ése acaso el objetivo del ejercicio del periodismo cultural, de cualquier periodismo? ¿No sería más atinado (más honesto) señalar las tensiones, marcar las contradicciones, denunciar las paradojas de un campo conflictivo como el literario, de una industria en crisis como la editorial? Claro, eso es más complejo, y demanda más tiempo y energía (y granjea más enemigos que amigos)."
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

